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El planeta que queremos

¿En qué planeta queremos vivir?

Si no te lo has planteado nunca, has de saber que, nos guste o no, en unos 10 años, nuestro planeta habrá cambiado bastante. Los veranos calurosos serán norma, las estaciones de esquí del Pirineo no serán tales, las lluvias serán aún más torrenciales y violentas, los incendios serán mucho más frecuentes y en lugares insospechados, como en el norte de Europa.

En nuestra querida Cataluña, el clima será tan cálido que el resto de Europa nos visitará todavía más, incluso en pleno invierno, con la presión sobre los recursos que esto supondrá.

Esto tiene sus lados positivo y negativo, pero sea como fuere, tendremos que adaptarnos a ello.

Si el clima cambia tanto, también lo hará el paisaje, la agricultura, las especies y, por tanto, también lo que comeremos. Nuestras tradiciones deberán cambiar y adaptarse a un mundo en convivencia con personas llegadas de otros lugares del planeta de los que habrán tenido que verse obligadas a irse. Y este proceso migratorio irá cada vez a más.

Los más de 7.000 millones de humanos estamos cambiando el planeta irremediablemente. Nuestra huella es, sencillamente, bestial: consumimos en un año la energía del Sol que llega en una hora; generamos tal cantidad de residuos que flotan por los océanos islas de basura del tamaño de países.

 

Nada de lo que hagamos generará cambios significativos a 10 años vista

Así es, a 10 años vista, pocas cosas, efectivas a corto plazo, podemos hacer. Pero a 20 o 25 años vista, seguro que sí. Ahora bien, para entonces, ya no seremos 7.000 sino probablemente unos 10.000 millones de personas. El clima, de seguir igual, al menos en el Mediterráneo, será mucho más seco y caluroso. No vamos a entrar a considerar la larga lista de fenómenos naturales que determinarán un medioambiente que se habrá deteriorado a niveles inimaginables.

Como el futuro no está escrito, lo que sí podemos aseverar es que se abren ante nosotros varios escenarios posibles en función de nuestra responsabilidad como la principal especie que habita la Tierra. Algunos de estos escenarios comportan retos muy serios y que implican ser conscientes de que, en función de nuestro comportamiento hoy, condicionaremos nuestro entorno del mañana.

Ciertamente, el ritmo con que evolucionan la tecnología y la ciencia, nos augura descubrimientos imposibles de imaginar, que seguramente podrán ayudarnos a tomar las riendas de cómo gestionar nuestro planeta, pero si no hay voluntad real de cambio, si nuestras decisiones y acciones no contemplan la mejora de las condiciones del planeta para todo el conjunto de la humanidad, no serán más que meras acrobacias tecnológicas.

 

El uso de la energía es la clave para la supervivencia

No es posible seguir con nuestro esquema de economía lineal donde los recursos se utilizan una vez para producir y se convierten en desechos tras un tiempo determinado de uso.

Si nuestra actitud respeto al uso de la energía y de las materias primas, así como de los residuos que estos ciclos de producción generan en gases de efecto invernadero, no cambia drásticamente, el calentamiento de la atmósfera será inexorable.

 

Hay una alternativa, pero solo una

Sí, solo una: actuar desde ya para reducir nuestro impacto sobre el planeta. Nuestros gobiernos, nuestras empresas, nuestras administraciones locales deben asumir la responsabilidad, por dura que sea, de legislar para que el compromiso de toda la sociedad en pro de un futuro sostenible empiece desde ahora mismo. Pero, para ser justos, hay que incorporar en la ecuación el coste de todo lo que hemos hecho mal y que ya afecta a este futuro: habrá que recoger todos los residuos ya desperdigados por el mundo, desmantelar algún día las centrales nucleares, etc. Y tener en cuenta que, en los países menos desarrollados, el ritmo de actuación no podrá ser el mismo que en los países más industrializados.

La economía debe pasar de ser lineal a ser circular, un modelo donde los recursos y materias primas tengan más de una vida, se reutilicen y se conviertan en otros productos, y al mismo tiempo, debemos aprender a usar las cosas con una mentalidad más “sostenible” y olvidarnos del estilo “lo uso y lo tiro”.

El Parlamento Europeo aprobó un paquete de medidas sobre la economía circular que representa un primer paso de compromiso de la Unión para aceptar este compromiso y hacerlo extensivo a todos sus estados miembros, con la intención, a su vez, de que sirva de guía y ejemplo para otros países del mundo. El paquete incluye acciones legislativas que obligarán a las industrias, la administración y la sociedad a ponerlas en práctica.

Si somos habitantes comprometidos con nuestro hogar, la Tierra, el camino está marcado y no tiene pérdida. Ahora es tiempo de ponerse en marcha.

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